Este es un artículo escrito por nuestra invitada Lou Pérez. En él, comparte contigo sus cuatro pilares principales para el autocuidado. Construir estos hábitos marcó un antes y un después en su vida, y ahora quiere contarte cómo lo hizo.
Probablemente como buen terapeuta tienes una caja de herramientas impresionante a disposición de tus pacientes o clientes.
Hoy quiero animarte a que abras esa caja en la intimidad de tu hogar, te maravilles de los recursos que has adquirido a lo largo de los años y utilices esas herramientas para tu autocuidado.
A menudo me ocurre que cuido y me preocupo más de mis clientes y alumnas que de mi misma: me emociono al compartir con ellas esas acciones y rutinas que sé que funcionan aunque a veces yo sea la que más las necesita. Yo ya lo sé, pero cuando alguien me lo recuerda salto como un resorte a decirles que mi satisfacción personal y profesional se basa en ver a otros crecer, mejorar, empoderarse.
Luego llega el “reality check”. Discusiones recurrentes con pareja o familiares, falta de sueño, digestiones pesadas, apetito cero (al menos en mi caso) y tengo claro cristalino que estoy con un pie puesto en el lado del agobio, el agotamiento y el estrés… momento de parar. Necesitamos autocuidado.
¿Te sientes identificado?
Ah señora, pero es que no se puede parar. Tienes cinco clientas esta semana, quieres terminar esos dos artículos que comenzaste y hay varios emails esperando a ser contestados. Ahora no es el momento de parar. Genial, de acuerdo, ¿entonces cuándo?
Hace unos años esperaba a quemarme del todo, de esa manera tenía una excusa maravillosa para soltarlo todo. Enfermar es una excusa válida, tener la agenda a reventar a veces parece que también. Quemarse hasta las cejas para poder parar… mujer de extremos. Aunque claro, esto lo veo ahora en retrospectiva.
Es cierto que tenía en cuenta mi autocuidado: organizaba mis días de manera que mi meditación matutina, mi tabla cardiovascular, mis estiramientos y mi santa siesta no me los quitaba nadie, aún así hasta hace solo un par de años el combo trabajo-vida se experimentaba como dos cosas separadas sin yo saberlo.
Estaba convencida de que mi trabajo y mi vida funcionaban juntos, que estaba cumpliendo mis sueños y que eran indivisibles. Aún así lo laboral iba por un lado y la salud y estabilidad emocional por otro.
Buscaba el tiempo necesario para poder descansar, las horas de la mañana para sacar un ratito de silencio, huecos en la agenda para reconectar conmigo misma. Así que sí, el trabajo por un lado y yo por el otro. Huelga decir que en momentos de picos de faena no sacaba tiempo para nada, mucho menos para mí.
¿Dónde quedó aquello de predicar con el ejemplo?
No sé si te verás reflejado en esto, en tener una caja de herramientas de salud y bienestar preparada para todo el mundo pero con poco uso para ti.
A lo mejor eres de los que se apunta al gimnasio y medita por las mañanas, luego aparecen los periodos de tiempo en los que las obligaciones pueden más y poco a poco el trabajo (que te apasiona, eso no lo vamos a negar) te come terreno y comienzan los malabarismos imposibles.
Las prioridades personales pasan a la cola, el cansancio aprieta, la salud decae, las discusiones aparecen y el trabajo, a la larga, también se resiente.
Comenzamos a ir tarde, apagando fuegos, las sesiones con clientes pueden llegar a resentirse porque (sí, ya sé que lo sabes) si nosotros no estamos al 100% no nos podemos entregar al 100%. “D’on no n’hi ha, no en raja” que decimos los catalanes (“De donde no hay, no brota”).
Con el tiempo (después de pillarme una baja por depresión y agotamiento y ver que al regresar caía de nuevo en patrones de mucha autoexigencia y poco autocuidado) comencé a darle muchas vueltas al asunto y decidí incorporar esas cositas chulas que hacía por la mañana y por la noche dentro de la jornada laboral.
Hoy quiero compartir contigo mis cuatro pilares principales de responsabilidad hacia mí misma. Construir estos hábitos de autocuidado ha significado un antes y un después en mi manera de relacionarme con el trabajo y en cómo trato ahora la relación vida personal-vida laboral.
Porque la vida personal es toda, el trabajo no va a parte, de hecho toda nuestra vida es personal. En el momento que consideramos nuestra empresa o nuestro proyecto algo aislado es cuando comienzan los problemas.
Hay un montón de programas de productividad ahí fuera, cientos de herramientas que nos pueden hacer las tareas más sencillas y eficientes. En todo caso me gustaría hoy recordarte que la máquina más poderosa y tu herramienta de trabajo más importante no es ni tu agenda, ni tu ordenador. Eres tú.
Igual que el taxista no sale a la carretera sin revisar que todo en el coche esté bien, hace paradas estratégicas cuando algo suena raro y se detiene a repostar, nuestro cuerpo y nuestra mente necesitan lo mismo.
Estos cuatro pilares que parecen simplemente acciones básicas de productividad redundan en un bienestar personal que te permitirá sentirte coherente como terapeuta de cara a tus clientes y pacientes. Te empoderará y además te dará fuerzas y seguridad a la hora de compartir tus recursos de salud y bienestar con los demás.
Soy de profesión bailarina, dos décadas de escenarios y viajes llevo a mis espaldas. Eso me ha llevado a tener experiencias maravillosas y también a pegarme las palizas físicas y emocionales que no están en los escritos. De mi experiencia en la danza aprendí que si el cuerpo no está bien, el coco no está bien, y que si el coco no está bien el cuerpo no responde como debería.
Comencé a estudiar psicología budista hace ya quince años y al retirarme de los escenarios me reciclé como terapeuta y nutricionista. Un arsenal de herramientas que puse al alcance de muchas personas y que han resultado de mucha ayuda… sobretodo a otros.
Cuando decidí tratar la combinación (y conversación) cuerpo-mente como mi herramienta de trabajo más importante y adoptar todo lo aprendido de la danza y el budismo dentro de mi jornada laboral, conseguí hacer del autocuidado una responsabilidad personal y laboral. De esta manera he conseguido mantener el éxito en equilibrio.
Hay muchas propuestas ahí fuera para cuidarnos, mi sistema triangular es la mía.
Está claro que no podemos darle toda nuestra energía y atención a los demás, que “quien quiere, puede y quien no, tiene excusas” suena a verdad absoluta pero no siempre es cierto.
Es muy sencillo meditar, hacer ejercicio, comer bien, descansar y pasar buenos ratos de risas con los colegas cuando hay tiempo de sobras y el trabajo va rodado. Pero cuando hay esos picos donde las 24 horas del día parecen pocas es el momento de poner a punto la máquina y revisarla todo el tiempo.
Aceptar esta realidad ha hecho que mi sistema de trabajo me tenga a mí como prioridad número uno y me gustaría transmitirte esta idea y moverte a la acción.
Cuando la falta de tiempo deja de ser una excusa para el autocuidado.
No sé tú, pero yo he experimentado el no tener tiempo, pero de verdad, ni energía sobrante cuando el trabajo, la familia y las obligaciones se te comen y sientes que no te da la vida. Por eso te animo a que no te esperes a después de trabajar para ir al gimnasio ni a sentirte mal para comer bien. Además te aseguro que no necesitamos levantarnos a las cinco de la mañana para meditar.
Hoy te animo a incorporar estos cuatro pequeños cambios que no requieren tiempo extra ni apuntarte a ningún sitio:
- Para cada hora y date 10 minutos para reconectar contigo mismo.
La mente está funcionando a toda mecha mientras estás en una sesión con un paciente, ya no es sólo concentración si no paciencia, empatía, unir puntos, hablar en su idioma… es agotador, no importa lo acostumbrados que estemos y lo mucho que nos apasione nuestra profesión.
Permitirnos cada cierto tiempo desconectar para reconectar es una bocanada de aire fresco para nuestra mente, un aporte extra de oxígeno para nuestro cuerpo y evita que a mitad del día ya vayamos a medio gas.
Entre sesiones o en medio de tu trabajo de oficina, si es necesario ponte una alarma: para con todo, levántate, respira lento y consciente, bebe un vaso de agua, regálate 5 minutos de yoga y sonríe.
Ya verás qué cambio.
- Desactiva todas las notificaciones de social media y whatsapp mientras estés concentrado en alguna tarea importante. Ya lo mirarás más tarde.
Soy consciente de que en medio de una terapia no estás mirando el móvil, evita hacerlo entre sesiones también y mucho más si estás escribiendo un informe o redactando un artículo.
A mayor concentración menos ruido mental y a menor ruido mental más calma. Tú sabes mejor que nadie los efectos negativos de la distracción y la multitarea, huelga decir que si el estrés es algo que no beneficia a tus pacientes, a ti tampoco.
Luego me cuentas el nivel de mono que experimentas y el aumento de productividad y foco si lo consigues.
- Ten clara la acción más importante del día.
Aquella que repercutirá en el crecimiento de tu negocio, por poco que te apetezca, hazla la primera, liberas estrés, preocupación y remordimientos.
Al margen de las sesiones que tengas programadas para hoy siempre hay tareas que se acumulan y que sin que nos demos ni cuenta se pueden convertir en urgentes.
Cada día revisa, al margen de la agenda, aquella acción importante que te ayudará a seguir avanzando y creciendo tanto a nivel personal como laboral. ¿Dónde te ves dentro de un año? ¿Dentro de cinco años? ¿Qué acciones son imprescindibles para llegar allí?
Empieza por ahí cada día. Crece, por ti y por tus pacientes.
- Cierra la jornada laboral con un pequeño memento.
Incluye qué has conseguido hoy, en qué puedes mejorar y qué es lo más importante que quieres finiquitar mañana. Así cierras persiana con la mente en calma.
Si tienes tus informes de pacientes… ¿qué te parece hacer un informe también de tu propia evolución?
De esta manera te mantienes centrado en tus objetivos, con impulso y ganas de volver a cada sesión, te acuestas satisfecho y calmado.
Para un buen autocuidado es necesario también autoconocimiento. Sé que lo sabes, quizás lo tienes en cuenta, aún así te invito a hacer un ejercicio cargado de intención. Pregúntate y escribe:
- ¿Qué he conseguido hoy?
- ¿Qué puedo mejorar?
- ¿Dónde me he encallado?
- ¿Qué puedo hacer para solucionarlo?
Te prometo que en cuestión de meses verás una evolución mucho mayor de la que verías sin una revisión constante de este tipo.
Estoy súper convencida que no te he contado nada que no sepas, ojalá que además, lo pongas en práctica tengas o no tengas tiempo.
Estas son cuatro de las diez herramientas que pongo en práctica todos los días, una compilación de acciones que tienen como foco principal mi bienestar y un maridaje perfecto entre vida laboral y vida personal.
Como te he dicho al principio, eso de buscar tiempo a parte para cuidarse tiene que terminar. Los terapeutas sabemos mejor que nadie que el autocuidado se practica a todas horas y más aún en momentos de agotamiento o estrés.
En este enlace puedes descargarte estas herramientas. A mi guía titulada 10 Acciones Poderosas para Mantener la Fuerza y el Foco, la acompañan 3 videos donde te cuento el qué y el cómo de todas ellas, puedes recibirlos inscribiéndote AQUI.
Te espero al otro lado.
Tu cuerpo y tu mente son tus herramientas de trabajo más importantes.
Recuerda: Tú eres tu mayor activo.



